“Se rompió su mundo, no solo su rodilla”: gestionar las lesiones en el fútbol base desde la psicología deportiva
- Cristina Erguido

- hace 19 horas
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Era un día cualquiera en el campo de entrenamiento. Los niños corrían, gritaban, se motivaban unos a otros, hasta que un golpe inesperado hizo que Luis cayera al suelo, sosteniéndose la rodilla. La lesión no era grave, pero para él todo se detuvo. No podía entrenar, no podía jugar, y lo más difícil: sentía que su lugar en el equipo se había perdido. Esa sensación de desconexión, que no aparece en ningún parte médico, es la que más afecta a los jugadores jóvenes cuando sufren una lesión.
En el fútbol base, la dimensión emocional de una lesión es tan importante como la física. Los niños y adolescentes no solo pierden movilidad o fuerza, también pueden perder autoestima, motivación y su identidad como futbolista.
La frustración, la ansiedad y el miedo a no volver al mismo nivel pueden aparecer incluso en lesiones aparentemente leves, y si no se gestionan adecuadamente, pueden prolongar la recuperación o, en los casos más graves, provocar que el jugador se aleje del deporte.
El entrenador juega un papel decisivo en este proceso. Su forma de acompañar puede marcar la diferencia entre que un jugador mantenga la motivación y la confianza, o que sienta que todo está perdido. No se trata de presionar para que vuelva antes de tiempo ni de minimizar lo que siente, sino de validar sus emociones, mantenerlo conectado con el equipo y celebrar cada pequeño avance durante la recuperación. La forma en que el entrenador comunica, acompaña y gestiona la reincorporación al entrenamiento es fundamental para reconstruir la seguridad del jugador y garantizar que su regreso al juego sea positivo
Aquí es donde la intervención del psicólogo deportivo se vuelve indispensable. El psicólogo trabaja directamente con el jugador para ayudarle a regular la ansiedad, manejar el miedo a la recaída y mantener la motivación durante todo el proceso. Mediante técnicas como la visualización, el establecimiento de objetivos alcanzables y el control de pensamientos negativos, el jugador aprende a enfrentar la lesión no solo como un obstáculo físico, sino como una oportunidad para fortalecer su resiliencia y su confianza.
Además, el psicólogo deportivo acompaña al entrenador, orientándole sobre cómo comunicarse, detectar señales emocionales y apoyar al jugador de manera efectiva, creando un entorno seguro y coherente entre todos los actores implicados.

La vuelta al campo no es solo un regreso físico; es un proceso psicológico que exige paciencia, comprensión y acompañamiento constante. Muchos jugadores sienten miedo al principio, dudan de su capacidad y temen volver a lesionarse.
Si se gestiona correctamente, con apoyo del entrenador y seguimiento psicológico, esta etapa se convierte en un momento de aprendizaje, donde el jugador recupera no solo su rendimiento físico, sino también su confianza, su motivación y su pasión por el fútbol.
En el fútbol base, las lesiones son inevitables, pero su impacto emocional no lo es. La combinación de un entrenador atento, un equipo médico competente y la intervención de un psicólogo deportivo asegura que la experiencia de la lesión se transforme en una oportunidad de crecimiento.
Recuperar un jugador tras una lesión va más allá de rehabilitar músculos y articulaciones: implica reconstruir su seguridad, reforzar su autoestima y acompañarle para que siga disfrutando del deporte que ama. Cuando un niño se lesiona, su mundo puede fracturarse; pero con el apoyo adecuado, puede salir más fuerte, más resiliente y más motivado que nunca.
Cristina Erguido Lozano
Psicóloga General Sanitaria M-26888
Intervención psicológica a personas y equipos en contextos deportivos





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